
Chile enfrenta una crisis de natalidad: el nuevo gobierno deberá abordar el envejecimiento poblacional
A pocos días de asumir la presidencia, José Antonio Kast enfrenta un desafío crucial: la alarmante baja en la tasa de natalidad en Chile. Según datos recientes del Instituto Nacional de Estadísticas (INE), se prevé que para 2028 las muertes superen a los nacimientos, marcando una caída histórica en la fecundidad nacional.
La proyección del INE estima que las mujeres chilenas tendrán un promedio de solo 0,92 hijos, situando al país entre los de menor natalidad en América Latina. Macarena Arriagada, directora de Obstetricia de la Universidad Andrés Bello, señala que estos números están muy por debajo del umbral de reemplazo generacional, que es de 2,1 hijos por mujer. Este fenómeno no solo representa un desafío demográfico, sino que también tensiona los sistemas de salud y protección social, advirtiendo sobre un futuro con una población envejecida que podría agravar la crisis en estas áreas.
En respuesta, el nuevo mandatario ha presentado el “Plan Renace Chile”, que incluye medidas como una asignación universal por hijo y reformas laborales que buscan facilitar la conciliación entre trabajo y vida familiar. Sin embargo, expertos como Virginia Latorre y Verónica Campino subrayan que la baja natalidad es un problema complejo que no ha sido abordado con la seriedad que merece. Campino, a partir de su trabajo con familias vulnerables, destaca la falta de liderazgo en la gestión de esta crisis, mientras que Latorre menciona que la situación se ha ido deteriorando sin el debido reconocimiento.
Un estudio de 2023 revela que el 82% de las mujeres percibe la maternidad como un obstáculo para su desarrollo profesional, y un 73,6% ha sufrido discriminación por ser madre. Estos datos apuntan a una necesidad urgente de un pacto público-privado que promueva condiciones laborales más justas y que valore la maternidad, en lugar de penalizarla. Benjamín Villena, académico de la Universidad Andrés Bello, advierte que la baja natalidad no solo es un problema inmediato, sino que tendrá repercusiones a largo plazo en la fuerza laboral del país, lo que podría traducirse en mayores presiones salariales y costos laborales.
Las causas de la baja natalidad son múltiples y no se limitan a la precariedad económica. Villena destaca el “costo de oportunidad” que enfrentan las mujeres, quienes deben sopesar la crianza de los hijos con sus carreras profesionales. A pesar de que el nuevo gobierno ha propuesto incentivos económicos, los expertos coinciden en que estas medidas no son suficientes para revertir la tendencia de manera sostenible. Para abordar la crisis de natalidad, es esencial implementar políticas integrales que vayan más allá de incentivos económicos y que reconozcan las complejidades de la crianza en el contexto laboral actual.