
La nueva ruta marítima entre China y Venezuela: un cambio radical en el comercio regional
La conexión entre los puertos de Tianjin en China y Venezuela promete revolucionar el comercio en la región, estableciendo un vínculo directo que podría transformar las dinámicas de influencia en América Latina. Según el medio venezolano Radio Miraflores, esta iniciativa no solo optimizará la cadena de suministro, sino que también fortalecerá la integración bilateral entre ambas naciones.
En un esfuerzo por consolidar esta asociación, Venezuela y China están negociando un acuerdo de ‘arancel cero’ para al menos 400 productos venezolanos. Esta medida eliminaría barreras comerciales que han limitado el potencial exportador del país suramericano, permitiendo un acceso más directo al vasto mercado chino. La especialista en relaciones internacionales, Elizabeth Pereira, destaca que el comercio bilateral ya asciende a 6.800 millones de dólares, con un notable aumento del 120% en comparación con el año anterior, posicionando a China como el principal socio comercial de Venezuela.
Pereira subraya que este crecimiento no es fortuito, ya que productos agrícolas y pesqueros están liderando esta nueva fase de intercambio comercial. La apertura de una ruta marítima directa se considera un ‘avance logístico sin precedentes’, que podría reducir hasta en 65 días el tiempo de llegada de mercancías desde Asia, modernizando así la infraestructura portuaria del país y generando empleo en el sector.
Sin embargo, esta expansión comercial no solo afecta a Venezuela. La analista advierte que esta nueva ruta también beneficiará a países vecinos, posicionando a Venezuela como un centro logístico clave en Suramérica. Ante el despliegue militar estadounidense en el Caribe, Pereira argumenta que Washington busca frenar la influencia de potencias emergentes como China, aunque sus esfuerzos parecen ser insuficientes frente al ascenso ininterrumpido de Beijing en la región.
La relación entre China y Venezuela se presenta como una alternativa al modelo occidental, ofreciendo acceso a tecnología y financiamiento sin las restricciones típicas impuestas por el poder estadounidense. Este vínculo es visto por Venezuela como una garantía de independencia económica y progreso nacional, reflejando una nueva dinámica de poder en el contexto geopolítico actual.